Hace poco he visto un video en la red sobre un debate entre creyentes y ateos en Estados Unidos, convocado por los mismo creyentes con la finalidad de demostrar que dios existe sin recurrir a la Biblia, solo usando el razonamiento. Antes de ver el video supuse que los creyentes cristianos tenían una difícil tarea, ya que siempre he pensado que aceptar una religión es una cuestión de fe y poco tiene que ver el razonamiento en él. Finalmente, el video me dio la razón, los creyentes se quedaron mudos antes los argumentos sólidos de los ateos a quienes no pudieron convencer de nada.
Mi ateísmo se remonta desde que tenía 18 años. Hoy estoy a punto de cumplir 30 y mi irreligiosidad sigue más firme que nunca. He leído, a raíz del video que comenté una serie de comentarios que no me sorprendieron pero que de todas maneras me molestaron. No tengo nada en contra de los que creen en Jehová o algún otro dios. Es más, creo que hasta cierto punto, es necesario la existencia de las religiones, ya que muchas personas encuentran consuelo en ellas y un modo de conducta positivo. Pero me parece negativo la intolerancia. Es increíble que hoy díatodavía no puedan tolerar la existencia de personas que no comparten su fe y que nieguen lo que ellos creen.
A pesar de que Animal Collective es considerado por un grupo de especialistas y seguidores como una de las mejores bandas del momento, la fama y prestigio de este grupo no es el que se merece. Más aún, ahora que editaron Merriweather Post Pavilion, su último disco, que de lejos es la que más repercusión ha tenido lo que ha llevado a muchos medios impresos y digitales ha preguntarse: ¿En realidad Animal Collective es una buena banda? Por supuesto que sí, y lo era desde hace tiempo, al menos desde que editaron esa obra maestra en el 2004 llamada Sung Tongs.
La duda que surge en muchos que recién escuchan a esta banda es que Animal Collective no hace una música sencilla. Es más Merriweather Post Pavilion es en realidad su obra más accesible, por lo que es probable que eso haya repercutido en su fama, pero ¿qué dirán los advenedizos cuándo escuchen las obras anteriores de este colectivo de Baltimore? ¿Qué confirmarán sus sospechas de que se trata de música para snobs, como se ha sugerido por allí?
La música no puede ser concebida para que sea digerible para todos los oídos. Un grupo tiene todo el derecho de hacer música exigente y que el público se esmere por comprenderlo. Si una persona no tiene la voluntad de hacerlo y cree que todo debe serpunk directo y potente o pop meloso y pegajoso es problema de ellos. La verdad es que Animal Collective es lo mejor que le ha pasado ha la música en los últimos años, plagados de música complaciente y sin riesgos.
El conjunto hace una suerte de pop neo-psicodélico con muchos toques experimentales, que recoge de la música atonal. Además las melodías están escondidas bajo capas casi interminables de sintetizadores que crean un contrapunto muchas veces agobiante, pero que hace de la música de este grupo inigualable y única. Además, no está de más decir, que las melodías que conciben este grupo son perfectas y maravillosas.
Como dijimos, Merriweather Post Pavilion es el trabajo más accesible de su discografía, lo que no le quita méritos en lo absoluto, es más, es probablemente su mejor obra. Todas las canciones son notables, algunass de ellas como My Girls o Brother Sport con posibilidades de ser grandes hits si no fuera por las inusuales armonías y capas sonoras que tienen. Es un trabajo que sin duda está entre lo mejor de la década y que seguirá dando que hablar por mucho tiempo. Es un disco imperdible y esencial para comprender los derroteros de la música de los próximos años.
En los últimos años Hollywood ha descubierto una veta de oro en los cómics. Un sinnúmero de historietas han sido adaptadas, muchas de ellas con gran éxito de taquilla y poca fortuna en crítica. Quizá la más notoria de las adaptaciones de cómics sean las realizadas a los superhéroes, que donde se pone más enfásis en producción y publicidad. Uno de los cómics más importantes que se hayan hecho es Watchmen, un cómic que aboradaba el género de superhéroes con una densidad y maestría inédita hasta esa fecha.
Es conocido que Alan Moore, autor de Watchmen, no quiso formar parte en la adaptación de la película por considerar que su obra era imposible de adaptarse. Aunque viendo los resultados de la película Znyder podemos pensar que tenía razón, creemos que no hay obra que el cine no pueda adaptar con fortuna, incluida el Watchmen. Obviamente, al ser una obra compleja y que está bastante afianzada en el lenguaje de su arte, Watchmen hace que su adaptación se una tarea difícil; pero ¿acaso no lo era El Proceso de Kafka que fue llevada con extraordinarios resultados al cine por Orson Welles? Ni que decir del caso de El Corazón en las Tinieblas de Conrad, cuya adaptación hecha por Coppola es un hito en el cine. Por lo tanto no hay adaptaciones imposibles sino malas adaptaciones.
En el caso de Watchmen, Znyder demuestra un inmenso respeto por el material original. No sé si se deba a estudios de marketing o algo por el estilo que indica que el público espera una gran fidelidad entre la película y su fuente, pero lo cierto es que cómic y cine son artes completamente distintos. Znyder ya había cometido la ingenuidad de trasladar casi milimétricamente el gran cómic hecho por Frank Miller, 300, que a pesar de su éxito de taquilla era una película de simple entretenimiento y de un acabado visual de dudoso gusto, a pesar del impacto que causó en muchos espectadores. Y es que el cómic puede causar la falsa impresión a un cineasta de que se trata de un story board, y por lo tanto su trabajo solo se dedicaría a plasmar en imágenes en movimiento y con seres de carne y hueso lo que está detallado en el cómic. Gran error.
No niego la posibilidad de que algún día se pueda hacer una adaptación muy fiel de un cómic con resultados satisfactorios, pero aún en ese caso el producto cinematográfico debe sostenerse en su propio medio, por lo tanto el director buscará algún recurso propiamente cinematográfico (algunos elementos de la puesta en escena) desleal al cómic para que la película funcione como tal. Incluso en el mejor caso de una adptación milimétrica de un cómic como es el caso de Sin City (que tampoco es una película completamente lograda) hay elementos propiamente cinematográficos que la hacen funcionar parcialmente, como las actuaciones, la acción y ritmo cinemático. En 300 algo de eso hay, pero apela a un formato casi de videoclip que no termina de cuajar con la propuesta de la película.
Watchmen es un intento fallido porque es muy respetuosa con el material original, inluso en sus líneas temporales paralelas que presenta el cómic. El origen de Roschacch, los recuerdos de Skill Spectre II, entre otros quiebres temporales no están en los momentos adecuados con relación al filme, lo que la hace caótica e incluso antojadiza. El filme es largo, pero eso no da pie a que respete las líneas temporales del cómic o intente abarcar las distintas aristas de una obra que fue publicado en el lapso de un año.
A pesar de estos reproches, al menos se nota que Znyder intentó hacer una película en cierta medida exigente y poco complaciente, pero las buenas intenciones terminan allí. Tampoco podemos acusar a Znyder que haya hecho una adapatción cien por ciento fiel del original, ha hecho ligeras variaciones en relación con la historieta y ha omitido varios elementos (como la genial técnica metaliteraria del cómic de piratas que lee un adolescente negro que ciertamente hubiera tenido pocas probabilidades de funcionar en la película). Pero estas libertades son tímidas y nunca se apodera del texto gráfico para reinventarlo en una película. Y parece que el dominio de Znyder del lenguaje cinematográfico todavía es limitado, ya que comete errores en el casting (el personaje de Ozzymandias no pudo estar peor representando si tomamos en cuenta que se trata, de alguna forma, del villano de la obra) o emplea a diestra y siniestra esas aceleraciones y desaceleraciones del tiempo como si se tratara de la invención de la pólvora. También trata de superar en violencia al cómic, pero lamentablemente tampoco funciona porque no hay relación entre las dosis de sangre que vemos con el ambiente hostil que recrea con desacierto, a diferencia de la historieta. También desperdicia a Roschacch, un personaje cuya mezcla de neurosis e idealismo nunca se llega a ver tan acertadamente como en el cómic.
Es una lástima que esta obra cayera en manos del ingenuo de Znyder, proclamado como un director visionario por la publicidad. Que aprenda un poco viendo El Caballero de la Noche, una extraoridnaria película cuya génesis probablemente sea esa pequeña joya del cómic llamada La Broma Asesina. O que aprenda de Batman Vuelve, la maravilla de Tim Burton, que es irrespetuosa con los cómics de Batman pero que tiene un gran respeto por el cine. Pues cuando se hace cine se hace cine y no otra cosa. Esperemos que la talentosísima Lucrecia Martel, encargada de dirigir la adaptación fílmica de esa obra maestra del cómic llamada El Eternauta, tenga mejor fortuna.
El western es un género que gozó de gran popularidad en el cine hasta finales de la década de los cincuentas aproximadamente. A partir de los sesenta entro en decadencia, a tal grado que hoy está casi extinta, a pesar de algunos títulos queaparecen muy de vez en cuando.
Considerado como un género menor, de puro entretenimiento, recién ganó prestigio con la crítica francesa que revalorizó algunos western y autores de estos. Y es que en este género confluye no solo las típicas balaceras o huidas que por mucho tiempo fueron uno de los principales atractivos del cine (hasta que fue reemplazado por explosiones apoteósicas o los efectos especiales más sorprendentes) sino toda una ideología, muchas veces cuestionable, pero que está presentado de un manera poética y con nostalgia de un pasado histórico (la colonización del territorio norteamericano) que rememora a otro pasado: el de los caballeros andantes. El pistolero es un justiciero solitario que vaga nómade sin recibir muchas veces recompensa alguna (un ejemplo de antología es el final de Más corazón que odio de John Ford, el maestro del género).
Los western finales aunque ofrecieron una visión desencantada del viejo oeste, se volvieron más tristes aún, ya que mostraban héroes (o antihéroes) que no encajaban con la nueva sociedad que se imponía y afrontaban sus últimas misiones.
Me declaro un fanático de la película de vaqueros. A continuación, les presentaré mis western favoritos.
1. La Pandilla Salvaje de Sam Peckinpah (1969)
Desde mi punto de vista muchas de las películas de la edad dorada del western han envejecido mal. Esta película fue realizada cuando el género ya estaba en decadencia y por ese motivo tiene algunas diferencias con western de décadas pasadas: tiene una dosis elevada de violencia, los protagonistas son rudos asaltantes y más aún, viejos. Pero Peckinpah, poseedor de una visión desencantada, hace una oda lírica llena de tristeza. La pandilla del título, a pesar de su innegable maldad, guardan algunos valores (como el honor o la amistad, aunque estas entran en constante conflicto con las acciones de los personajes, lo que no hace más que enriquecer a la película) que les confiere un poco de nobleza en un mundo corrompido hasta sus tuétanos, donde militares o empresarios se comportan sin ningún tipo de escrúpulos. La pandilla es un grupo destinado a desaparecer en un mundo con nuevas armas y vehículos, y sin sentido de honor. La última escena de, una brutalidad apabullante, es una de las mejores filmadas en todos los tiempos.
2. El hombre que disparó a Liberty Valance de John Ford (1962)
Esta película es uno de los últimos Western de John Ford y quizá el más conmovedor de todos. Los western iniciales de Ford brindaba una visión mítica del viejo oeste, a veces enaltecedora, inclusive en los aspectos negativos (el maltrato al indio, por ejemplo), pero conforme pasaban los años, su visión se volvió más desencantada. Este western es una prueba de ella. Liberty Valance (Lee Marvin), un forajido, pone en vilo a un pueblo que recibe la llegada de un abogado (James Stewart) que trata de imponer la ley (el nuevo orden). Ante la imposibilidad de enfrentarse con sus principios a Valance recurre al régimen del oeste: la justicia solitaria y fuera de la ley. Pero recibe la ayuda de Tom Doniphon (John Wayne), un pistolero que sacrifica todo por amor. Al final el abogado recibe los créditos por la muerte de Valance e impone el nuevo orden en el oeste y Doniphon cae en el más profundo olvido. Es probablemente la película de vaquerosmás conmovedora.
3. Érase una vez en el Oeste de Sergio Leone (1970)
Un crítico de cine dijo que Érase una vez en el Oeste era el equivalente de Lo que el viento se llevo en el western. Y es verdad ya que es una película apoteósica y épica, pero también es cierto que Érase una vez en el Oeste es una película sin complacencias y de una calidad superior a la sobrevalorada película de David O. Selznick. Al tratarse de un western crepuscular, esta película se centra en el fin del viejo orden, donde el ferrocarril trae consigo una nueva sociedad para los pueblos recónditos de Norteamérica. Además tiene ese espíritu metafílmico de reciclar algunos de los mejores western del cine americano, desde Johny Gitar hasta Más corazón que odio (de alguna manera Tarantino sigue el camino de Leone en el reciclaje fílmico). No podemos olvidar las hermosas melodías compuestas por Ennio Morricone, habitual colaborador de Leone, que en esta ocasión crea una banda sonora que además de ser tensa es bastante conmovedora. Érase una vez en el Oeste es una elegía por el género que está muriendo.
4. Lo bueno, lo malo y lo feo de Sergio Leone (1966)
Italia le dio una inyección de vida, aunque insuficiente, al moribundo cine de vaqueros con su espaghetti western. Sergio Leone fue el maestro indiscutible de esta vertiente con un puñado valioso de filmes que van desde Por un puñado de dólares hasta Los Caballeros de la Mesa Verde. Sin duda, su western más irreverente es este que tiene un ingenioso guion y afilados diálogos. Sin duda esta película alzó al estrellato máximo a Clint Eastwood a la vez que define, de una vez por todas, el estilo de actuación que mantendría por toda su vida. Este es el western que el maestro Boetticher quiso hacer pero que no consiguió.
5.Los Imperdonables de Clint Eastwood (1992)
Cuando el género ya había muerto, una de las figuras tardías pero emblemáticas se encarga de resucitarla por un momento con una genial película. Clint Eastwood dirige este western que desmitifica al viejo oeste, donde solo hay lugar para los fuertes y los sentimientos más viles y los pocos valores ceden ante esta cruda realidad. Este western relata la historia de William Munny (Clint Eastwood) un despiadado pistolero que se encuentra reformado pero debida a su carencia económica acepta asesinar a dos hombres. En esta historia no hay redención, solo el hundimiento del personaje (y quienes lo rodean) hasta recobrar su antigua identidad y salir triunfante. Y a pesar de ello la virtud (encarnada en la figura de la difunta esposa de Munny) solo pasea por la película con una tristeza que estalla en el memorable plano final de la cinta, con un texto conmovedor. Sin duda, esta es la mejor película ganadora de un Oscar de los últimos veinte años.
La banda de Bristol (integrada principalmente por Geoff Barrow y Beth Gibbons en la voz) ha guardado silencio por 11 años hasta que este año editara este magnífico álbum que hace olvidar la larga espera. Y es que a diferencia de otras bandas que decidieran sacar álbumes tras reencuentros o largos años de ausencia y apelaban a sus característicos sonidos para promover la nostalgia entre sus seguidores, Portishead apela a lo nuevo y, por ende al riesgo, lo que sin duda a producido consternación a más de uno.
Portishead es considerado, junto con Massive Attack y Tricky, por ser uno de los grupos fundadores del Trip Hop (una combinación de música electrónica, ambient. Soul y hip hop), allá en la cada vez más lejana década de los noventas. En 1994 editaron su primer disco, llamado Dummy, uno de los mejores de aquella década. A ese álbum le siguió Portishead (1997), de similar calidad musical, aunque se distinguía por el empleo de una música más retro. En el 98 publicaron un notable disco en vivo Roseland NYC Live y de allí poco o nada se supo de la banda. Hasta ahora.
Third es un disco extraño que no otorga concesiones de ningún tipo. Por momentos recicla música brasileña, la música retro, entre otros para hacer una amalgama atípica donde predominan atmósferas densas y melodías, por momentos, etéreas. Si uno se aproxima a este esperando escuchar al Portisheadantiguo lo más probable es que se pierda en los laberintos sonoros de Third, sin embargo si uno se enfrenta a este disco con la suficiente apertura mental y exigencia va encontrar un disco magnífico, con una temática desesperanzadora y un poco siniestra pero conmovedora. El listado de las canciones no presenta ningún bajón por lo que resaltar algún tema en desmedro de otro podría ser injusto aunque podría resaltar tracks comoWe carry on o Small, así como Silence, el brillante inicio de la placa, y Threads, el magistral final del disco. En resumen un disco excelente que no hace más que confirmar que Portishead es una de las bandas más importantes de los últimos tiempos.
Resulta que ser viejo ahora es una ofensa. La tercera edad es una etapa a la que muchos tienen miedo y no por pocos motivos justificables que se puede resumir en dos: el deterioro físico y mental. Si bien algunos envejecen de mejor forma que otros, es innegable que en la vejez las aptitudes físicas y mentales no son las mismas que antaño (salvo algunas excepciones notables: el cineasta Manoel de Oliveira hace sus mejores películas a sus 100 años de edad).
Este declive en las fuerzas físicas y mentales de los ancianos hace que muchas personas injustificadamente los marginen. Sin embargo, algo casi tan menospreciable como esta discriminación, es la negación de la ancianidad por parte de algunas personas “bien pensantes” en su afán de proteger al “adulto mayor”, como los llaman ellos. El mismo título que reemplaza al de anciano o viejo, es un intento por ocultar ese estado, por negar esa condición que no debe ser mal vista. Es como si buscáramos títulos eufemísticos a la mujer o a los negros, por ejemplo. El hecho de que la palabra anciano sea casi un insulto para estas personas y se prefiera otro nombre menos “ofensivo” da mayor énfasis, sin que se den cuenta, que la ancianidad una condición indigna que hay que ocultar.
En mi país, se ha llegado al extremo de poner en tela de juicio un programa tan notable como Los Simpsons, quizá el mejor que se emite en señal abierta en el Perú, por la parodia que se hace de la vejez en la figura del abuelo Simpson (entre otras cosas que no es necesario precisar aquí). Es decir, se prohíbe la sátira a pesar de que revele situaciones reales. A diferencia de los chistes de corte racista, donde se le atribuye características innatas a una raza, los rasgos que satiriza Los Simpsons de la vejez son reales, si bien no sucede a todos los ancianos. La senilidad, la debilidad física, entre otros problemas que afrontan muchos ancianos por su edad, son reales y qué mejor forma que afrontarlo con el humor. Además, lo que no perciben los críticos de esta serie, es que mayormente el menosprecio que se hace a los ancianos en Los Simpsons, habla mal de los personajes que caen en esta actitud que los viejos en sí. Esta serie animada es una crítica mordaz e inteligente de la sociedad norteamericana y también de las sociedades occidentales, pero a veces su mensaje es tan complicado de entender para algunas mentes que produce cuestionamientos como el que acabamos de mencionar.
A la larga, si tenemos suerte, llegaremos a ser viejo y a padecer los estragos de la avanzada edad, y la risa es sin duda un antídoto para que aceptemos mejor ese estado que tiene sin duda sus desventajas, pero que a la vez provee sus bondades(la experiencia de los años, la paciencia en algunos casos, entre otras cosas)
Al ir al cine procuro siempre asistir en las funciones matinales, cuando aún la algarabía de largas filas de gente no asoman por el horizonte y, en cambio, reina la paz necesaria para disfrutar de un autentico día de cinefilia. Llevo este régimen por varios años, huyendo de las masas de gente que muchas veces terminan por arruinar una cinta.
Estas últimas semanas me he visto en la necesidad de abandonar mis habituales horarios de cinemero, lo que me han llevado ha sumergirme en los temidos mares humanosque se forman al atardecer en cualquier multicine de la capitalpara comprobar que mis antiguos temores eran fundados.
Al ingresar a la sala ya oscura, uno es recibido por el rumor de voces que conversan, timbres de celulares, carcajadas de grupos de amigos, etc. Hasta ese momento uno podía creer que se encontraba en alguna plaza o en cualquier parque pero no en una sala de cine. Decidí esperar con la confianza de que una vez iniciada la película el ruido cesaría. Craso Error. Salían los créditos iniciales y la sala estaba completamente oscura cuando muchos llegaban con bandejas llenas de confiterías, canchas y gaseosas y haciendo equilibrio se habrían paso sobre los espectadores ya sentados, otros llegaban más tarde aún buscando sitios disponibles, estorbando a los que ya estamos tratando de ver la película.
Todo lo descrito anteriormente se repitió a lo largo de toda la proyección: conversaciones, celulares chillones, el crujido de las canchas y los sorbos de las gaseosas y también un bebe que rompió en llanto ¿Quién permite que ingresen personas con bebés? En estas condiciones es difícil que vuelva a gastar dinero para una entrada al cine cuando ya se convierte en una verdadera tortura y no se puede apreciar una película.
Este evento no fue una excepción pues elpanorama se repitió dos noches más en diferentes multicines. Entonces estamos hablando de una costumbre que se viene repitiendo en todas las salas y particularmente no creo que se pueda hacer nada al respecto porque las mismas empresas no quieren ver pérdidas al poner restricciones a sus maleducados clientes o porque se prestan a ellas.
Hace años en los Cineplanet quiso imponer una nueva movilidad de venta de confitería que consistía, una vez adentro de la sala, en gritar el combo que uno deseara a los empleados que por allí se movían y luego ellos mismos se lo entregaban en sus propias manos, esto convertía al cine en un mercadillo donde todos con la voz en cuello pedían mil cosas y luego de iniciada la película un batallón de empleados, azafate en mano,entregaban los pedidos causando más de un disturbio y con las confusiones y discusionesque no se podían evitar a causa de la oscuridad .
Gracias a Dios, esta genial idea no prosperó pero aún tenemos que soportar a las personas que creen que por pagar un ticket tienen el derecho de hacer lo que se les de la gana en un sitio que comparten con los demás.
En este blog hablaremos de lo que más nos gusta: el cine, la música, la literatura, entre otras cosas. Trataremos de evitar la peruana costumbre del raje o la provocación gratuita, así no nos lea nadie. También dejaremos de lado la malacrianza en nuestras respuestas a los lectores que esperamos no sean una cantidad pequeña.